
Mientras tanto, junto a esas cartas del padre relatando los êxitos de la joven concertista, otras letras iban y venían entre Portugal y Alemania. Eran las peticiones y agradecimientos, súplicas y preocupaciones, transmitidas por Augusto Suggía a su hija Virgínia y a diversos amigos para que remediasen la penúria económica que vivían el padre y la hija menor en Leipzig, sosteniéndose los dos con la dotación real calculada para pagar unicamente las clases y la estancia de Guillermina. Los cuatro miembros de la família, Elisa y Augusto, Virginia y Guillermina, se habían unido para que la joven promesa tuviera la más alta titulación, preparándose con los mejores profesores de la época y en el país de mayor prestigio musical. Si para ello era preciso, Virginia, tres anos mayor que su hermana y una pianista bien valorada hasta entonces, sacrificaria su carrera abandonando su propia formación para dar clases particulares de piano a un grupo de alumnos y con esa única renta mantenerse ella y la madre mientras durara la estancia de Guillermina y su padre en Leipzig.
A menudo la responsabilidad depositada en los hombros de Virgínia se cargaba más y más con las añadidas y contínuas peticiones de dinero del padre. Había que pagar las clases de Klengel, en las que Ilegaron a retrasarse vários meses, cubrir la estancia de los dos, la alimentación, y esos otros gastos de un padre atento al cuidado de una hija que debía relacionarse y darse a conocer, gastos a los que Guillermina se referia como «las trompetas de la fama». Hay una segunda lectura muy interesante de las cartas de esa época dirigidas a Portugal por Augusto Suggía moviendo los hilos unas veces para conseguirle conciertos a la hermana pianista, otras para que le pagasen a Virginia un piano nuevo. El dinero ahorrado por la joven para el nuevo instrumento se había evaporado camino de Leipzig invertido en los futuros êxitos de Guillermina.Virginia contaba 20 años por entonces, três más que su hermana, y las circunstancias la convertían en el único miembro familiar que aportaba financiación efectiva a toda aquella empresa, ya que el padre había renunciado a su sueldo de profesor en el Conservatório de Oporto para acompanar a la joven promesa y la madre carecia de recursos propios.
(Artigo- parte 3 - de ANA MARIA FÉRRIN editado na Revista "HISTORIA 16" de Novembro de 2006
O pai de Guilhermina Suggia não foi professor do Conservatório de Música do Porto pois este foi fundado em 1917.
Ana
Afixado por: Ana em dezembro 3, 2006 06:51 PMNa verdade Augusto Suggia não foi professor no Conservatório de Música do Porto. Era violoncelista no Real Teatro de S. Carlos e professor no Conservatório de Música de Lisboa quando foi contactado pela Santa Casa da Misericórdia de Matosinhos para dar aulas nas escolas daquela localidade.
Afixado por: vm em dezembro 3, 2006 07:57 PM