
Dejando aparte el cariño que se profesaron las dos hermanas hasta el final de sus días, Virginia no debía sentirse feliz con tanta carga y acabó por irse a vivir sola a la zona de Ribeirinho, en Matosinhos. Más adelante también ella recibió una Beca de Ia Corona y viajó a Paris a estudiar en su conservatório con el profesor y compositor Louis Diémer. En una actuación conoció al influyente editor León Pichón, que se convertiría en su marido y los salones de su residência serían considerados en poco tiempo de los más elegantes de Paris. El piano quedaria en un segundo plano a plena satisfacción de Virgínia, las cartas de esa época a su família son una continua alabanza de la vida doméstica y los viajes sin trabajar, solo de placer, al tiempo que bendice la suerte de tener un marido que la cuide. Incluso la novedad de disfrutar en el hogar de un nuevo electrodoméstico, el aspirador, le resulta un motivo más interesante para comentar con su familia que la música.
Elisa no parecia apreciar mucho el talento de su hija Virgínia. En una ocasión recibió una carta suya en la que la jovén le contaba el gozo de un viaje con su reciente marido por el sur de Francia. En ella Virgínia enviaba unos párrafos para su hermana aconsejándole el matrimonio, porque «el amor es mejor que la música y no vás a estar toda la vida con el violoncelo en la mano». Quando la recibió la madre le hizo llegar el recado a la hija menor, pero desechando para Guillermina la perspectiva de una boda, algo que, según creia, estaba bien para la gente común (entre ellas Virgínia), pero los elegidos debían tener otras metas:
...Porque una artista como tu, Guillermina, pensaria de la misma manera? Lo que tu posees es muy raro, mientras que lo que ella tiene [un marido] cualquiera lo puede tener...
Las atenciones de Julius Klengel con Guillermina fueron contínuas aquel período de 1902. En un dueto llevado a cabo por ambos ante profesores y alumnos del Conservatório, fue criticada la actitud del profesor, que cedió a su alumna la parte del primer violoncelo poniéndose él en un segundo plano.
— Ya soy viejo y empieza mi declive - les contestó con firmeza a los músicos, acallando sus quejas-. En cambio ella es joven, llena de talento y conoce todos los secretos del violoncelo. Está empezando a triunfar y llegará tan alto que nadie la detendrá.
No todo eran parabienes. Hasta Portugal llegó la noticia de que contraviniendo las normas de la Bolsa de Estúdios que prohibían especificamente las actuaciones pagadas mientras durase la dotación, Guillermina había percibido unos pequenos honorários por alguno de sus recitales en Leipzig, lo que provocó la retirada fulminante del único dinero fijo con que contaban padre e hija y agravó su ya maltrecha economia. Con la ayuda de Julius Klengel y las mil penúrias que podemos imaginar, la estancia en tierras alemanas fue dilatándose fuera del plazo previsto y el 26 de febrero de 1903 Guillermina Suggía escribió varias páginas nuevas en la historia de la música. Nunca antes un intérprete de 17 anos había formado parte de la Gewendhaus Orquestra, por añadidura era una mujer y además actuaba como solista. Otras novedades se producían. La avalancha de aplausos aclamando a Guillermina trás su actuación con la orquesta pidiéndole un bis hizo que el director Arthur Nikisch decidiera aprobar la petición del público pidiéndole a Guillermina que repitiese toda su parte, contraviniendo las normas de la entidad que prohibían ese tipo de privilégios. El despegue internacional de Guillermina Suggía se gestaba desde Leipzig. En marzo de 1903 Guillermina dio por terminados sus estúdios alemanes y regresó a Portugal llevándose el regalo de la partitura del Capricho en forma de Chaconne de Klengel, dedicado a su alumna «Con afecto profundo en recuerdo de su tiempo de estúdio en Leipzig».
Conocedora de la dureza del público portuense, Guillermina preparó minuciosamente el primer concierto en su ciudad hasta el último detalle, incluso el modo de aparecer en escena, con el propósito de dominar la situación. La acompanaba al piano su hermana Virgínia. Un murmullo de rechazo recorrió al auditório ante la actitud de Guillermina, que optó por salir a escena con pose altiva porque no deseaba dejar traslucir la emoción que la embargaba al volver a su lugar de nacimiento. Como si careciera de importancia para ella la respuesta de sus compatriotas, acostumbrada al reconocimiento de un público tan preparado como el alemán. El desencuentro desapareció al escucharse la fuerza de los primeros acordes del concierto rasgando el silencio de la sala. Entre la intérprete y su público natural se produjo una entrega total.
La vida de Guillermina se convirtió en una continua gira desde esa fecha, mayo de 1903. Las salas de concierto europeas la acogieron en Suiza, La Haya, Bremen, Amsterdam, Paris, Mainz, Bayreuth, Praga, toda Viena, Berlín y parte de Rusia.En Rumanía el éxito fue clamoroso, Guillermina se sorprendió con la exclamación unánime del público, que coreaba una palabra que ella no identificaba:
— Quê están gritando, que dicen? Le pregunta a un empleado del teatro.
— Madame, la están llamando Paganina, sabe?, como Paganini - le aclaro éste.
(Artigo- parte 4 - de ANA MARIA FÉRRIN editado na Revista "HISTORIA 16" de Novembro
Muy Sra. mía: He leido por Internet, la segunda parte de la história de la señorita Suggia y el maestro Pablo Casals. Me interesaría conocer la primera parte.¿Es posible?. Atentamente.Mª.Carmen.
Afixado por: em setembro 17, 2007 10:27 AMTodo o trabalho de Ana Maria Férrin, publicado na revista HISTORIA16 de Novembro e Dezembro de 2006, foi publicado neste blogue. Poderá ser sido, "carregando" na coluna da direita, em CATEGORIAS - Críticas/Imprensa - a partir de 22 de Novembro de 2006.
Afixado por: vm em setembro 17, 2007 11:01 AM