
Allí empezaron sus desventuras. Perdida la beca, al dia siguiente partían animosamente los Casals hacia Paris para continuar los estúdios en medio de un invierno terrible, Pablo esperanzado con encontrar un trabajo que les costeara la vida y las clases. En aquellos dias, felices años del can-can y el Moulin Rouge, el estudiante se enteró por un amigo del concurso para una plaza de violinista que celebraba el Folies-Marigny, un teatro de vodevil. Pablo se presente y se hizo con el puesto. Pero cuando parecia que la vida se encarrilaba, el joven de 19 anos contrajo una disenteria complicada con hemorragias intestinales que los médicos no acertaban a tratar. Entre el frio y la mala alimentación el músico no se recuperaba.
Un dia la madre tomó una decisión que dejó perplejo a Pablo:
— Yo miraba asombrado a mi madre mientras me decía: «Volvamos a Barcelona, es lo mejor que podemos hacer, no te convienen estos inviernos tan rigurosos» - recordaba Casals en la entrevista de José Corredor-. Mi madre se había cortado su magnífica cabellera por mi, vendiéndola por un poco de dinero para ayudar al viaje de vuelta a Barcelona! Lo hizo así, con toda sencillez, sin gritos ni lamentaciones, aunque para ella suponía el fin de un sueño.
En 1897 el imán que atrae la buena o la mala suerte aguardaba a Pablo en Barcelona bajo su aspecto más favorable, a partir de entonces su carrera iria de triunfo en triunfo. Con semejantes antecedentes, al coincidir tiempo después en Paris era indudable que Pablo Casals y Guillermina Suggía hablaban un mismo idioma, ambos sabían el valor del bienestar y el esfuerzo que cuesta llegar a el cuando no se posee más capital que ilusiones y una buhardilla alquilada.
Qúantas veces volvieron a encontrarse Casals y Guillermina en la ciudad del Sena, donde residia el músico por esas fechas antes de hacerse pública su relación? El ano 1905 fue en el que Casals alquiló Villa Molitor, una casita con jardín, el n° 20 de un total de 25 chalets situados en el barrio de Auteuil. Guillermina cumplía 20 anos, Casals 29. Surgió ia circunstancia subliminal de una postal enviada por ella a su benefactor y amigo António Lamas comunicándole que en breve daría una serie de conciertos con el violoncelista Casals. La postal es la reproducción de una tela de Van Dyck mostrando al príncipe Guillermo y a Maria Estuardo tomados de la mano. Al año siguiente ya hay constancia de una vida en común de ambos músicos en el chalet francés, pero pudo iniciarse tiempo atrás. A ese respecto existen contradicciones de fechas y el dato nunca ha sido muy preciso.
Las fotografias de la pareja durante su primera época parisina llevan todas un marchamo: Joie de Vivre. Amor, música, viajes, reuniones con amigos. La mayoría eran músicos que acudían al chalet con sus instrumentos para organizar saraos privados tocando juntos las piezas que se lês antojaban, cantando, comiendo, bebiendo, lejos de empresários y de las presiones de escenarios y público. «La banda de los ladrones», como gustaban llamarse a si mismos, artistas de talento que luego vieron inmortalizados sus nombres, se apiñaban en el salón o en el pequeno jardín. Unas veces Pablo y Guillermina se muestran en las fotos con la excitación de montar en automóvil, nadar, jugar al ténis. Otras aparecen más relajados, ella cose, el pule sus violoncellos, donde brilla la esmeralda regalada por la reina Ma Cristina de España que Pablo hizo engarzar en un arco.
H. L. Kirk describía así a GuiIlermina en su biografia de Pablo Casais [1974]:
Suggia no era una belleza a la manera clásica, pero resultaba fascinante con su tez clara, aceitunada, enmarcada por una espléndida cabellera muy negra, a juego con sus ojos. Su risa era alegre, explosiva, y centraba Ia atención en cualquier reunión. Exuberante y atractiva, poseía una mente rápida y un espíritu independiente con gustos bohemios que Casals no aprobaba. Desde el principio de su relación Suggia demostró a Casals su impredecible y temperamental carácter.
Ella aprobaba la vanguardia, él preferia a los artistas más conservadores. Si más adelante Pablo Casals condensó su vida con Guillermina en la frase «con ella viví el episódio más cruel e infeliz de mi vida», puede que ese sufrimiento se gestara durante aquellas alegres reuniones donde la veta fascinante de Guillermina con los hombres mostraba sus inicios. Amigos que le pedían más solos a ella que a Casals, mientras la intérprete se hacía de rogar entre risas, y los compañeros insistían, y ella más risas corriendo a esconderse hasta que ellos la encontraban. Alegria de vivir, travesuras de mujer que recobraba su infancia perdida de niña agobiada por la estricta disciplina de un instrumento implacable. Aun así, abundantes testimonios cuentan que durante anos estuvieron muy unidos, Casals corria a encontrarse con Guillermina tras cada actuación y si estaba previsto que su ausencia durara más tiempo ella lo acompañaba, lo que lógicamente debió estancar su propio desarrollo profesional que tan bien había empezado. Las fotos primeras nos los muestran siempre con llas manos unidas o apoyados uno en el hombro del otro.
Todo parece indicar que Suggia y Casals no llegaron a casarse. Se sabe que el maestro la pidió en matrimonio y que al parecer fue ella la que no consintió. No obstante, los dos provenían de famílias católicas y conservadoras y ésa pudo ser la causa de que ambos escribieran a los íntimos contando que se habían casado y refiriéndose desde entonces el uno al otro como marido y mujer. De ahí que en diversos programas de los principales centros musicales europeos se refirieran a las actuaciones de los dos como un matrimonio. En su History of the Violoncello el doctor Lev Ginsburg escribía sobre los recitales dados en Moscú en noviembre de 1908 por la pareja:
Pablo Casais y su esposa Guilhermina Suggia ofrecieron su concierto para dos cellos en el Moor Concerto.
Artigo - parte 7- de ANA MARIA FÉRRIN, editado na revista "HISTORIA 16" de Novembro passado
Publicado por vm em dezembro 6, 2006 10:27 AM