
Para los dos, Casals y Suggía, revisando la documentación existente queda claro que fueron el uno para el otro parte importante de sus vidas. Si la ruptura se produjo por celos profesionales [se guardan críticas de la época donde alaban a Suggía por encima de Casals], serían ciertas las informaciones según las cuales el maestro tarraconense llegó a esconder los instrumentos de su pareja para que ella no pudiera ensayar, y auténticos los rumores de que Guillermina estaba harta de una relación que asfixiaba sus proyectos. Si por el contrario, como afirman testigos muy diversos, los motivos fueron pasionales, resultarían creíbles los testimonios de que Casals se enzarzó en una pelea con el pianista y compositor inglês Donald Frances Tovey al encontrarlo, según metáfora de la época, «en plena transgresión» con Guillermina.
Pero existen otras interpretaciones del suceso. Tovey tenía la edad aproximada de Casals, había tocado a los 18 anos con el gran violinista Josef Joachim y de esa colaboración había partido un espaldarazo que lo llevó a ser conocido en Inglaterra, añadiendo su gran talento interpretativo, casi malabarista. Entre otras cualidades era capaz de memorizar partituras de una gran complejidad y del grosor de un libro, tocarlas y volverlo a hacer al revés, de atrás para adelante. Hijo de un clérigo, entró a los 12 años en la escuela privada de Sophie Weisse, dejado en sus manos, y a partir de entonces toda su vida estuvo programada por esta mujer que, posiblemente por temor a perder su ascendência sobre él, lo apartó de las relaciones normales de niñez y juventud, lo que contribuyó a un cierto autismo en su carácter, incapacitado normalmente para comunicar y comprender los sentimientos. Tovey llegó aquel verano de 1912 a la casa construída por Casals en el pueblo tarraconense de Sant Salvador con su Sonata para dos Chelos, compuesta especialmente para Casals y Suggía. Era la segunda invitación, el ano anterior había tenido que suspender el viaje por una epidemia de cólera en Barcelona. Poco antes el músico británico había concluído el exótico encargo de una Marcha Nacional para el sultán de Zanzíbar y los amigos bromeaban con él recibiéndolo con plumeros y colchas a modo de mantos. En el chalet se encontraban hospedados el pianista Mieczyslav Horszowski y un flamante Enrique Granados con su esposa Amparo celebrando el êxito de su obra Goyescas.
A mediados de septiembre de 1912 Donald Tovey recibió la noticia de que su padre, el reverendo Duncan Tovey, se encontraba gravemente enfermo. Muy sensibilizado por la noticia y antes de partir para Inglaterra, el músico intensifico Ia buena relación con Guillermina e intimó amigablemente con ella, que se sinceró con el músico confiándole un determinado problema íntimo existente en su relación con Casals.Tovey intentó mediar entre la pareja hablando con Casals y posiblemente, sin ser consciente de su inoportunidad, mencionó un cierto tema de índole sexual que provocó en Casals una violenta explosión de celos.
Situándonos en el rigor se trata de un terreno en el que solo pueden hacerse conjeturas basadas en confidencias ajenas, porque ninguno de los dos, Casals o Suggía, se refirió nunca a verdadero motivo que los llevó a la ruptura. Se sabe que el maestro regresó a San Salvador después de un viaje antes de lo previsto por GuiIIermina, y que aquellas vacaciones acabaron bruscamente volando la vajilla y empuñando Casals un revólver que no se llegó a disparar. Mientras Casals se quedó en su casa de San Salvador con su madre y sus hermanos, Tovey partió para Londres y Guillermina fue Paris, pero no acudió al hogar común de Villa Molitor, sino que prefirió quedarse en otra dirección a la espera de ver como se resolvia el episódio.
Artigo - parte 8 - de ANA MARIA FÉRRIN, editado pela revista "HISTORIA 16" de Novembro passado