
La violoncelista solía afirmar que era muy sensible al bien que le hacian, mientras que no prestaba oídos a quien la quisiera mal. Esa forma suya de proceder le procuró un escogido grupo de amigos, entre ellos su empleada Clarinda o Isabel Cerqueira de Millet y su família, a los que consideraba como propios, lo mismo que la cantante lírica Ofélia Costa, para cuyos hijos Guillermina solía traer regalos cada vez que volvia de sus conciertos. Gentes que supieron entender que bajo los toques britânicos en el vestir, que en su tierra resultaban exóticos, su amor a los animales o la rareza para la época del interés que demostraba por el deporte y la vida al aire libre siendo mujer se se mantuvo intacto hasta que una temida enfermedad fue ganando terreno en su organismo.
En la colónia inglesa de Oporto contaba con antiguas amistades que estuvieron siempre a su lado compartiendo veladas musicales en casa de unos y otros. Las biografias de Guillermina y Pablo Casals seguidas en paralelo hacen evidente que la penúria de los malos tiempos cuajó de modo diferente en cada miembro de la pareja. A Casals los sufrimientos de tantas guerras le forjaron por largos anos un carácter austero, poco amigo de fiestas, y le agudizaron un cierto miedo escénico a tocar en solitário que padecia de antaño y que
él paliaba procurando actuar rodeado por otros músicos siempre que le era posible, amén de un compromiso político cada vez más radicalizado que lo llevó a distanciarse de muchos antiguos amigos trás los excesos de la República, la locura de la Guerra Civil española y la tragédia de la Segunda Guerra Mundial. «El arte es lo contrario de la barbárie», solía decir.
Fue necesario un prolongado retiro en el pueblo francês de Prades, mirando cara a cara a la depresión y rebelándose ante un mundo que parecia haber perdido la capacidad de razonar, para que el compositor de El Pesebre volviera a captar el pulso de la música, lo que sucedió a partir de que a su alumno norteamericano Alexander Schneider se le ocurriera aglutinar el sentimiento del mundo musical ante el retraimiento voluntário de Casals en protesta por la dictadura del general Francisco Franco en Espana y el posterior reconocimiento de ese regimen por las principales potências occidentales.
Aprovechando la cercania del bicentenário de la muerte de J. S. Bach en 1950, Schneider y un grupo de admiradores de Casals consiguieron que músicos y melómanos de todo el mundo se dirigieran hasta Prades para conmemorar la efeméride junto con el maestro de Vendrell, lo que le hizo salir de su aislamiento.
De solemnidad, gravedad, irreductibilidad en el compromiso ético, es el perfil que llega de Pablo Casals entre los años 1931 y 1957. Pero el ser humano guarda amplios registros que a menudo son una sorpresa para los extraños. Un dia aparece un testimonio impensable para su imagen de esos anos y asoma en el lector una sonrisa cómplice al conocerse otra conexión portuguesa de Casals en el âmbito amoroso.
Vinícius de Moraes dedicaba un poema en 1973 a três Pablos fallecidos ese ano:
Que ano más sin cri¬tério/, Ese del setenta y três.
Llevó para el cementerio/, A três Pablos de una vez.
Três Pablotes, no Pablitos/. -En tiempo, como en espacio,
Pablos de muchos caminos/: Neruda, Casals, Picasso...
A esos tres pablos los había conocido más o menos bíblicamente,según ella, una de las más populares actrices portuguesas de cine y teatro que dio el siglo XX, Beatriz Costa, la Clara Bow lusa nacida 1907. Bonita y menuda,con la perfecta de muñeca de porcelana y cuerpo mullido de muñeca de trapo, también vedette de music-hall y cantante, la picante e inteligente mujer, que al retirarse a princípios de 196O desarrolló una labor literaria de éxito, contaba en el segundo de sus seis libros publicados, Quando os Vascos eram Santanas, que a Pablo Neruda lo visitaba en los tiempos en que el Premio Nobel de Literatura era embajador de Chile en Paris; a Pablo Picasso le debía «a honra de ser apalpada por él em casa de la modista Elsa SchiapareIIi»;en cuanto a sus relaciones con Pablo Casals escribió:
...O casamento com mulher jovem era uma idea fixa en él. Quando quis casar comigo, já tinha bastante idade. Acabou por dar o seu nome ilustre a uma discípula sua de vinte um años.
Artigo - parte II (7) de ANA MARIA FÉRRIN editado na revista "HISTORIA16" de Dezembro
Publicado por vm em dezembro 28, 2006 12:00 AM