janeiro 02, 2007

GUILHERMINA SUGGIA, EL AMOR OCULTO DE PABLO CASALS (Y II) por ANA Mª FERRIN - "HISTORIA16" (9)

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Su convencimiento de que el músico debe ser un dios sobre el escenario lo llevó Guillermina hasta el limite.
Físico. Resistiéndose a no parecer atractiva en los recitales:

Tuve bastantes problemas con la vista después de los concertos y cuando fui al oculista me prohibió tocar sin gafas. Dijo que de lo contrario sufriría fuertes dolores de cabeza. Pero las gafas no se aguantarían sobre mi nariz... debería sujetarlas con una pinza. Qué espectáculo seria!

Y económico. Después de ofrecer una serie de conciertos en el extranjero, en diciembre de 1924 Guillermina estaba a punto de volver a Portugal y se encontraba agotada. Vários conciertos le esperaban en Lisboa y Oporto. En esta última ciudad estaba previsto que su acompañante fuese Luis Costa, un pianista con el que se compenetraba muy bien y eso la tranquilizó, significaria un descanso para sus ojos, adernas de ayudarle a recobrar las energias al no tener que dedicar largas horas a ensayar.

Por el contrario, en Lisboa le adjudicaron un músico local desconocido para ella. En una larga carta a su buen amigo el pianista y compositor José Vianna da Motta le pidió que mediase con la directiva organizadora del evento para que al pianista concertado lo sustituyeran por el inglês George Reeves, otro asiduo de sus recitales por Europa con el que había compartido a menudo el repertório diseñado para Lisboa.Todo ello dirigido a cumplir su exigência de calidad sin verse en la situación de tener unos pocos ensayos con el nuevo pianista que podrían no ser suficientes, pues la artista seguia la norma de no encararse a un auditório sin antes lograr una total compenetración con sus acompanantes. Guillermina conocía las dificultades de tesorería por las que navega la Sociedad de Conciertos y no dudó en ofrecerse a descontar de sus propios honorários los gastos de la estancia de Reeves en Lisboa.

Con el fin de la Segunda Guerra Mundial llegó la reactivación de la vida artística internacional. En un período de euforia en el que se reabrían los auditórios de toda Europa, Japón y Estados Unidos ofreciéndole interesantes contratos, la violoncelista vio llegado el momento de emprender otra etapa en su carrera, esta vez decidiéndose a viajar cruzando los cielos. Como anécdota curiosa contaremos que Guillermina nunca había querido aceptar conciertos en el continente americano por temor a que sus queridos violoncelos se vieran afectados por la humedad de los viajes marítimos. Su meticulosidad llegaba a ordenar que retirasen inmediatamente del escenario cualquier centro de flores situado frente al instrumento o el estuche. Al viajar en avión esa dificultad no existia y un abanico inmenso de experiências y posibilidades se abria para ella en los auditórios que esperaban al otro lado del océano.

Artigo - parte II (9) - de ANA MARIA FÉRRIN, editado na revista "HISTORIA16" de Dezembro passado


Publicado por vm em janeiro 2, 2007 12:00 AM
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